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Mi alacena rebosa abundancia y opulencia hermosa (veremos lo que dura)
Atrás quedaron tiempos de DIA% y racaneo.
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Por la noche, cena en el famoso paladar La Guarida. Un restaurante que ocupa el piso superior de un palacete en estado ruinoso, y algo sórdido que no obstante mantiene intacto un encanto misterioso entre penumbras.
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A través de la escalinata se accede a un piso jalonado de cuerdas de tender la ropa, tertulias improvisadas de ancianos degustando puros en sus mecedoras, el ruido lejano de un transistor ratonero que canta un chachachá y algún cachorrillo pulgoso que olisquea confiado, a los visitantes.
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Piso palaciego destartalao con cuerdas de colgar.
Al llegar al piso superior, el paladar, dispuesto en pequeñas salas de altísimos techos y estética zurriburri con santos, antigüedades, carátulas de cine de barrio, velas y recuerdos, donde degustar una riquísima y variada carta.
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Zurriburri style con retratos, recuerdos, antigüedades y demás.
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"....Y después del cuplé" (en clara alusión a "El último Cuplé" de la Montiel), con Marujita Diaz y Toni Leblanc. Los célebres payasos de la tele, 30 años antes de su desembarco a TVE.
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Iconografía religiosa tamaño familiar y retazos de una mudanza.
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Y lo mejor: todo esto con una temperatura con brisa fresca como de principios de Otoño que deja en el olvido el pegajoso y asfixiante calor tropical.
Abeto con nieve desplomándose de las ramas. .
Arbolito nevado.

Nevaditos cubiertos de asúcar ¡ñamy-sprough!.
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Hasta los porretas y maleantes del barrio jugueteaban divertidos con sus chuchos pulgosos a tirarse bolas de nieve... y yo no iba a ser menos e improvisé un muñequino de nieve tamaño bolsillo, pobrecino, da hasta penina mirar pa él.
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El Muñeco Pobrecino, con cara rancia y jacarandoso floripondio a modo de tocado.
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Una vieja amiga, la Washingtonia tropicalis también se hallaba cubierta de nieve a lo Washingtonia Nevensis. Pobrecita, qué frío estará pasando hoy...
Y lo mejor es que no había mucha gente, con lo que las fotos parecen estar hechas en un remoto paraje o un jardín recóndito y desconocido de la gran ciudad...
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No, si al final la Srta. Engendro no va a ser esa escoria inmunda que todos nos obstinamos en creer que es, no. La Srta. Engendro no es más que una investigadora culinaria, una Ferrán Adriá sin tabúes que se atreve a todo y con todo. Como cuando cocinó ese chuletón a medio descomponer con hedor a queso al que aplicó un chorrito de limón para mitigar la pestilencia…
Lo dicho, una innovadora culinaria.
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¡OH, QUERIIIIIIIIIDO...!
Me quedé muerto: botox, ácido glicólico, inyecciones de colágeno y ácido hialurónico… nada era suficiente para ese rostro que desafiaba el paso de los años con acertado disimulo aunque algo carente de movilidad, como quedó confirmado al querer demostrar que a pesar de enarcar las cejas no se el arrugaba la frente:
- Mira, levanto las cejas y la frente sin arrugas.
- Pero..¿Estás levantando las cejas?- pregunté incrédulo
- Sí claro, mira.
Ni que decir tiene que allí, no se levantaba nada. No sé si lo haría adrede para no arrugar la frente o es que simplemente había perdido la movilidad con tanto mejunje inyectable.
Deslizando excusas y un “ya-me-lo-pensaré” di por concluido el encuentro, pensando para mis adentros en cómo ha avanzado la medicina estética –la que realmente mueve dinero- desde aquellos estiramientos agresivos y deformantes a los que no hace mucho se sometían los famosos, a estas triquiñuelas de hoy en día tan imperceptibles como eficaces.
