No, no es que le haya dado al Ctrl+C, Ctrl+V más de la cuenta; es que no hay mucho más que hacer allí!!.El hotel, maravilloso, sobretodo por las vistas en primerísima línea de playa desde las habitaciones.
Las noches bañadas por la luna llena de brillo más intenso jamás visto, eran de ensueño.
..............................................La ciudad, por contra, la cosa más horrenda que han visto estos ojos (con permiso de San José de Costa Rica). Una ciudad construída con mala leche a base de bloques de hormigón al más puro estilo suburbio de extrarradio.
Pleno de centro de Natal.
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Afortunadamente conté con la compañía de unos compis maravillosos con muchas ganas de hacer cosas que no querían limitar su estancia brasileira a tostarse vuelta y vuelta en la playa como único fín.


Excursión en bugies por dunas doradas, buceo, incursiones por los pueblos costeros de la zona, pseudo-surf... y muchas compras. Compras compulsivas ante las maravillosas y llamativas Havaianas (c) de multitud de diseños y bañadores ¡¡Esos chiqui-bañadores tan brasileños!!.

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En ese entorno tan hostil he hecho el botellón más escalofriante de mi vida, entre terroríficas historias reales de secuestros de turistas para tráfico de órganos, experiencias con fantasmas y sucesos paranormales. El miedo fue in crescendo hasta llegar a la paranoia y temer realmente por nuestra integridad física.
Afortunadamente, a la mañana siguiente no amanecimos en ninguna bañera llena de hielos ni con cicatrices por el cuerpo...uf!












